La pregunta ha rondado seguramente (eso pensamos nosotros) en la cabeza de mucha gente. Y la posibilidad no suena tan descabellada, a menos de que queramos poner esta posibilidad en una película o historia distópica como “1984”. Es claro que una moneda global siempre se ha caracterizado por ser una propuesta que ha sido sobre todo impulsada, al parecer, por los países que tienen una gran problemática alrededor del comercio mundial por su falta de voz y voto. Países que parecieran ser sólo un relleno en el mapa, que casi siempre se nombran sólo porque o pasan desastres naturales en ellos, o dicen que están a punto de desaparecer, o ayudan sin condiciones a las naciones con las grandes tetas económicas. Hay razones ciertas por las cuales una moneda global tiene que ajustarse a una realidad en donde el mundo se ve cada vez más fragmentado en términos de dinero, pero de todas maneras es también interesante el hecho primario de que una moneda global pueda ser el resultado de fuerzas conjuntas que han hecho de las finanzas un tema muy delicado y exquisito.

Decimos exquisito porque son tantos los platillos secundarios que valdría la pena analizar dentro del contexto de una moneda global. Por ejemplo, al probable apoyo del Banco Mundial a esta idea, ¿cómo podríamos definirlo? ¿Dónde está la opinión del Banco Central Europeo? ¿Qué sucede con el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos? ¿Afectaría o no afectaría los Tratados de Libre Comercio (TLC) la inclusión de una moneda global?… Bueno, preguntas es lo que sobra, pero está bien hacerlas porque muchos negociantes que incluso piensan en el bienestar de ciertos grupos dejando de ser un poco egoístas o no siéndolo, pues tienen derecho a saber de qué forma una moneda global solucionaría muchos de sus inconvenientes, sobre todo, arancelarios.

Una moneda global se oye como un reto demasiado estipulado para novela de revuelto con ciencia ficción y economía. No sabemos si Sir Ridley Scott y Michael Moore sean capaces de hacer una película juntos (suena fantástico, ¿verdad?), pero el caso es que la posibilidad de una moneda global no se puede desconocer así por así. Sería algo demasiado tonto negar que se pueda dar, y sobre todo, teniendo en cuenta de que hay oportunidades de igualdad en ciertos niveles financieros.

Si la moneda global puede representar un agente de cambio en la economía mundial, hay que tratar de hacer análisis más certeros y prolongados.