En Europa del Este y Europa Central, una premisa tácita parece rondar los estatutos económicos de distintos gobiernos: no se necesita del Euro para tener unas finanzas respetables. Ante el panorama sombrío que representa la moneda usada por la Unión Europea, muchas naciones de esta parte del mundo no tienen, al parecer, el más mínimo interés por acceder a la Eurozona. Los constantes datos sobre bajadas, pérdida de competitividad en el mercado, incertidumbre y otras tinieblas, refuerzan la desilusión.

Hace algún tiempo se veía como muy factible y hasta natural, la entrada de los países del antiguo bloque soviético a la mancomunidad del euro. Se creía que después de abatido el socialismo (por lo menos, en sus estructuras básicas de consentimiento de ideas), era hora de que las finanzas se volviesen más capitalistas. O, para ser precisos, que estas naciones subsistieran por igual con la apertura de mercados. Hoy, el Euro no es atractivo en el panorama internacional. Definitivamente.

Los préstamos económicos, que podían deducirse de fondos de deudas comunes muy sostenibles la mayoría de ellos, era uno de los atractivos más grandes de la moneda en cierta época. Hoy, resulta casi paradójico de que el euro haya tenido que acceder a préstamos de naciones poderosas para mantener un rango respetable dentro de la comercialización de divisas. Era lógico que la aparición del euro despertara una gran motivación; al fin y al cabo, Europa no tiende a ser tan “homogénea” como Hispanoamérica.

Polonia es uno de los casos singulares que no ha adoptado el euro, siendo la segunda nación dentro de la Unión Europea que tiene más fortaleza en capital después del Reino Unido. Recuérdese además que este nación tiene la responsabilidad de organizar la Eurocopa de Naciones de Fútbol junto a Ucrania (otro de los ausentes del sistema Euro), que empezará dentro de poco tiempo. El país vive en una relativa comodidad financiera. No quiere salir definitivamente de su zloty.

Además de este territorio, la República Checa por igual comparte los parabienes de la Unión Europea, pero tampoco tiene ganas ni prisa de entrar a la integración de la divisa euro. Los checos siguen sus vidas normales comerciando en el día a día con sus coronas. Por ahora, entonces, la perspectiva de que más países adopten la moneda es sencillamente improbable. Si Grecia quiere salir, será un duro golpe que confirmaría que, por ahora, el negocio con los euros es tierra movediza…